El compromiso de los directivos ha caído 9 puntos en tres años. Y viene lo peor.
Los directivos y mandos intermedios son los que hacen que las cosas ocurran. Si ellos se desconectan, la cultura jamás llegará a la base. No hablamos de clima laboral. Es un problema de marca mal construida. Y tiene solución.

Los directivos y mandos intermedios son los que hacen que las cosas ocurran. Si ellos se desconectan, la cultura jamás llegará a la base. No hablamos de clima laboral. Es un problema de marca mal construida. Y tiene solución.
En los últimos años venimos hablando, con datos, de la desconexión de los equipos pero de la misma manera, los datos mantenían que los mánager aguantaban la conexión y el compromiso… hasta ahora.
En tres años el compromiso de los mánager cayó 9 puntos pero la alarma salta hoy porque de los 9 ¡cinco han sido este año! Cayendo del 31 al 22%. (Fuente: Gallup State of the Global Workplace Report 2026)
Y más allá de los puntos de Gallup, lo veo en las conversaciones.
Hace muy poco una empresaria me comentaba que en las dos últimas crisis que había sufrido la empresa, fallaron de sus directivos que no se involucraron ante la situación sobrevenida. Me pidió consejo: una vez puede pasar, dos es una alerta. Revisa los criterios de contratación y ascenso. Los managers y los criterios con la que la gente ascendía al puesto no pueden ser los mismos que el siglo pasado. Necesitas managers que sepan impactar en sus equipos y trasladar la marca y la cultura.
Y no es un tema de romanticismo es un tema de productividad perdida (El desenganche laboral le costó a la economía mundial el 9% del PIB global) y de coste en la empresa de casi un 200% de su salario anual por el remplazo de un perfil de dirección.
Ante un problema de personas todos plantean lo mismo: hacer coaching a los directivos, lanzar una encuesta de clima, un plan de bienestar o reforzar la comunicación interna. Y aunque no niego que todo esto es válido. No resuelve el verdadero problema.
En este momento de cambios grandes y a gran velocidad. El problema de fondo es que los managers no tienen un relato claro de hacia dónde va la empresa, cuál es su lugar en ese futuro y qué se espera de ellos más allá de los resultados del trimestre. Sin ese relato, el compromiso no se sostiene. Se agota. Esa reflexión, ese relato lo construye la marca. La marca es aquello que se mantiene fuerte, indestructible, inquebrantable, esa brújula que siempre marca el norte en medio de la tormenta.
Gallup también mide las organizaciones de mejores prácticas. En ellas, el 79% de los managers está comprometido. Casi cuatro veces la media global.
¿Qué las hace diferente?
Han construido su marca. La han desplegado a través de su cultura de forma estratégica, no sólo tienen, sino que viven su propósito, una propuesta de valor al empleado que se cumple por dentro, y líderes que saben exactamente qué narrativa están transmitiendo cuando hablan con sus equipos.
No es magia, es branding. Porque sí, no es lo mismo, tener una empresa que SER una MARCA.
Y es exactamente el trabajo que hacemos en NEXIA cuando una organización llega a nosotros con este diagnóstico.
En NEXIA sabemos que cuando una organización está en medio de una transición, la marca parece lo último en lo que pensar. Es exactamente al revés. La marca es lo que le da al liderazgo intermedio la narrativa que necesita para sostener a sus equipos mientras todo lo demás cambia. Sin esa narrativa, cada manager improvisa. Y una organización donde cada manager improvisa no es una marca: es un conjunto de silos con nombre común.
Por eso en NEXIA trabajamos con el NEXIA BRAND BLUEPRINT: un sistema que pone la marca en el centro y construye desde ahí la propuesta de valor al empleado, los pilares culturales y el plan de comunicación interna. No como fases consecutivas, sino como un sistema coherente que da a cada líder intermedio algo real que transmitir.
El resultado es concreto: managers que no improvisan el mensaje porque la cultura les da el guión. Equipos que no interpretan la estrategia según el manager que les toca, sino que la viven desde una narrativa compartida. Una organización donde marca y cultura dicen lo mismo. Eso se construye. Y se mide.
Como CEO, en tu mano está tomar acción.
El branding es estrategia, no es romanticismo.
El branding es resultado.
El branding es crecimiento.
Sí esa empresa exitosa que te viene a la cabeza te viene… porque es una marca.
Si estás viendo estas señales en tu organización y te resuena lo que acabas de leer, tenemos que hablar.